Suscríbete a nuestro newsletter
Recibe una mirada más profunda al universo de la Alta Relojería en tu correo.
DEL IMPERIO CELESTE
AL GRAND-PRIX DE GINEBRA
Dos siglos de historia y una visión obsesivamente enfocada en la excelencia
Son pocas las manufacturas capaces de concebir, dentro de sus propios muros, la totalidad de lo que lleva su nombre: desde el movimiento hasta la esfera, desde la primera idea hasta el último acabado. Esa independencia, entendida no como aislamiento, sino como el dominio íntegro de un oficio que rara vez se sostiene completo en una sola casa; es uno de los rasgos que hoy sitúan a Bovet entre las firmas más relevantes de la relojería suiza. Y si la Maison ha alcanzado esa posición, lo debe en gran parte a una reconstrucción emprendida hace poco más de dos décadas, cuando Pascal Raffy asumió el control de una firma que no requería tanto de un propietario como de una visión capaz de proyectarla hacia el futuro.
Sin embargo, ninguna reconstrucción parte de la nada. Para entender el presente, conviene mirar atrás: el legado que Raffy recibió arrastra casi dos siglos de saber, viajes y audacia; una historia indispensable antes de seguir adelante.
De Fleurier a Cantón: el origen de un imperio relojero
La historia de Bovet comienza en Fleurier, donde Jean-Frédéric Bovet ejerció la relojería a finales del siglo XVIII y la transmitió a sus hijos, Edouard, Alphonse y Frédéric. En 1818, Edouard viajaría a Cantón (Guangzhou), China, con cuatro relojes de bolsillo, que vendería al poco tiempo de su llegada. De aquella venta nacería, en 1822, la firma que lleva su apellido y, con ella, los célebres “relojes chinos”: piezas con esmalte cloisonné, miniaturas pintadas y cajas de oro, tan celebradas que el nombre Bovet, transcrito como “Bo Wei”, llegó a utilizarse como sinónimo de un reloj refinado.
Fue también entonces cuando la firma se adelantó a su época al proteger sus movimientos con fondos transparentes, anticipando una idea que se convertiría en parte esencial de su identidad: que un calibre merecía contemplarse con la misma reverencia que una esfera.

Y así como Girard-Perregaux fue la primer manufactura en establecer vínculos con Japón, la travesía de Edouard situaría a Bovet a la vanguardia de la relojería suiza en China. El éxito de su aventura asiática lo llevaría de regreso a Fleurier en 1830, convencido del potencial y las oportunidades que ofrecía aquel mercado. Junto con sus hermanos, consolidaría entonces la firma familiar, que llegaría a emplear a 175 artesanos del valle, mientras el Château de Môtiers pasaba a manos de la familia.
Aquel ciclo, sin embargo, no habría de sostenerse indefinidamente: con el paso de las décadas, el brillo de Bovet cedió parcialmente ante las transformaciones de la modernidad, a la espera —aunque nadie podía saberlo entonces— de que alguien volviera a mirarla con el mismo asombro con que una vez se admiraron aquellos movimientos tras un fondo de cristal.


Pascal Raffy y la reconstrucción de una Maison desde sus cimientos
Quien terminaría por devolverle ese asombro fue, precisamente, alguien formado para reconocerlo. Pascal Raffy no heredó el apellido Bovet ni una tradición relojera familiar: llegó a la Maison desde el lugar del coleccionista, un lugar que, lejos de ser periférico, resultó decisivo para comprender lo que la firma necesitaba. Su educación relojera comenzó en la infancia, cuando su abuelo André reunía a los nietos alrededor de una lupa para explicarles movimientos, acabados e historia.
Raffy recuerda una travesura que se convirtió en lección: convencido de poder intervenir uno de los relojes más valiosos de su abuelo, lo desmontó sin lograr reconstruirlo, y la restauración de sus casi 600 componentes tardó un año entero. Cuando volvió a verlo completo, comprendió el nivel de conocimiento, tiempo y manos que puede contener un objeto de apenas unos centímetros.

Esa comprensión temprana —la de que un reloj es, ante todo, la suma visible de un trabajo invisible— explica el tipo de propietario en que Raffy se convertiría. Cuando tomó el control de Bovet en 2001, no se propuso simplemente recuperar los códigos estéticos del archivo: apostó por reconstruir las competencias capaces de darles continuidad. No llegó, en otras palabras, a administrar una marca, sino a rescatar un saber completo, y esa distinción, entre gestionar un patrimonio y volver a hacerlo posible, define buena parte de lo que Bovet es en la actualidad.

La visión que convirtió el legado en una nueva expresión de Alta Relojería
La transformación tomó forma decisiva en 2006, cuando la Maison reunió especialistas en tourbillones, espirales y estampado para crear DIMIER 1738 Manufacture de Haute Horlogerie Artisanale en Tramelan, e incorporó la Manufacture de Cadrans, dedicada a la creación de esferas.
Ahí reside uno de los cambios más profundos de la era Raffy: la independencia dejó de significar simplemente autonomía para convertirse en la capacidad de dominar cada saber necesario y decidir, con libertad, el destino de cada creación. Hoy, Bovet produce internamente cerca del 95 por ciento de sus componentes, un grado de integración excepcional incluso entre sus pares.
Esta autonomía no dio lugar a una lógica industrial convencional, sino a un taller ampliado donde movimiento, caja y esfera se desarrollan de manera conjunta desde el inicio. Guilloché, esmaltado, pintura en miniatura, grabado y engaste conviven con mecanizado CNC, electroerosión y desarrollo mecánico avanzado. No se trata de elegir entre tradición e innovación, sino de lograr que una prolongue a la otra, y que el ojo humano siga siendo, al final de cada proceso, quien decide si una pieza está lista.
La mecánica como lenguaje de excelencia
Esa arquitectura interna es, en buena medida, la que explica la riqueza mecánica que ha distinguido a Bovet en los últimos años. El sistema Amadeo, patentado en 2010, recuperó la memoria del reloj de bolsillo para transformarla en una solución plenamente contemporánea: una misma pieza puede convertirse, sin herramientas, de reloj de pulsera reversible a reloj de bolsillo o de mesa. A partir de ahí, Raffy continuó liderando el desarrollo de una serie de complicaciones propias —tourbillones volantes, sistemas de horario mundial, calendarios astronómicos— que comparten un mismo espíritu: representar el tiempo como un fenómeno físico, casi cósmico, digno de ser observado.
El ejemplo más elocuente sigue siendo el Récital 22 Grand Récital, presentado en 2017: su tourbillon volante representa el Sol, una Tierra hemisférica gira sobre sí misma y una Luna esférica completa orbita a su alrededor, en una interpretación mecánica del cielo que le valió, en 2018, la Aiguille d'Or del Grand Prix d'Horlogerie de Genève.

Dicho premio sería el primero de una serie de galardones: en 2020, el Récital 26 Brainstorm Chapter 2, con su caja íntegramente de zafiro y un inédito tourbillon volante de doble cara visible desde ambos lados, obtuvo el premio a la Excepción Mecánica, mientras que Miss Audrey, concebido por Raffy en honor a su propia hija, se llevó el premio al Reloj de Dama gracias a su esfera de esmalte guilloché y a un sistema Amadeo que la transforma en colgante, reloj de mesa o de pulsera.
Poco después, en 2023, el Récital 20 Astérium, con una esfera de cristal semitransparente que reproduce el cielo estrellado y permite identificar las constelaciones visibles, obtuvo el premio de Calendario y Astronomía. En 2024, la Excepción Mecánica volvió a recaer en Bovet con el Récital 28 Prowess 1, construido sobre un innovador sistema de rodillos capaz de mostrar la hora en los principales husos horarios del mundo, incluido el ajuste automático al horario de verano. Se trata de una proeza que ningún reloj mecánico de horario mundial había resuelto hasta el Récital 28. Un año después, en 2025, el Récital 30, que concentra ese mismo sistema en una pieza pensada para el uso diario, obtuvo el premio a la Mejor Complicación Masculina.

The Récital 22 - Grand Récital
GPHG 2018 Aiguille d'Or

The Récital 20 - Astérium
GPHG 2023 Excepción Mecánica

The Récital 28 - Prowess 1
GPHG 2024 Excepción Mecánica

The Récital 30
GPHG 2025 Complicación Masculina
Son ya seis distinciones del GPHG desde 2018, a las que se suman más de setenta reconocimientos internacionales acumulados por la Maison desde 2006.
Pero más allá del recuento, el patrón resulta revelador: Bovet no ha convertido los premios en episodios aislados, sino que ha hecho de la investigación mecánica una práctica constante. Y ahí asoma, quizás, una de las preguntas más interesantes: ¿cuántas manufacturas verdaderamente independientes pueden sostener, con recursos francamente más acotados que los de los grandes grupos, un ritmo de innovación semejante? La respuesta, en la relojería suiza contemporánea, cabe en muy pocos nombres.

El coleccionista vuelve al centro
Ese ritmo de innovación convive con una escala deliberadamente humana. De una producción anual cercana al millar de piezas, más del 30 por ciento corresponde a encargos bespoke, desde variaciones de esfera y grabados hasta miniaturas pintadas a mano. Esta dimensión reducida mantiene a cada reloj cerca de sus creadores y de quien habrá de llevarlo. Es el principio que guía a Raffy desde sus días de coleccionista: una pieza solo existe plenamente cuando alguien aprende a contemplarla.
Esa misma sensibilidad impulsó en 2006 la recuperación del Château de Môtiers, antigua propiedad de la familia Bovet devuelta a la vida de la Maison. Actualmente aloja oficinas, museo y talleres donde conviven en armonía piezas creadas para la China imperial con autómatas y mecanismos celestes: una síntesis perfecta de su gestión al frente de la firma.


Ahí se cierra el círculo iniciado por aquel niño de la lupa: Raffy no heredó el apellido Bovet y, tal vez por ello, su mayor logro no fue apropiarse de la historia, sino devolverle los medios para seguir escribiéndola. Esa vocación se extiende ahora hacia una nueva generación integrada en la Maison, depositaria no solo de un nombre, sino de un patrimonio vivo de talleres, historia e independencia.
Queda ahora una interrogante fascinante: qué nuevas formas encontrará la siguiente generación para dar continuidad a lo que tomó dos décadas reconstruir.
DESCUBRE MÁS HISTORIAS:
RENAUD TIXIER
DESNUDA EL PRIMER
CAPÍTULO DE SU SAGA
Tras reinventar el microrrotor con un sistema inédito, Dominique Renaud y Julien Tixier presentan las versiones esqueleto del Monday.
© 2026 Club de Alta Relojería. Todos los derechos reservados.



